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Ser amigos tras el divorcio

Cuando una pareja se rompe definitivamente lo más recomendable es que suspenda cualquier tipo de contacto de manera indefinida, hasta que ambas personas hayan rehecho sus sentimientos y puedan volver a encontrarse como dos amigos y nada más. El tiempo de “incomunicación” depende de cada uno, pero lo más normal es que se necesiten al menos un par de años. El problema está cuando la pareja tiene hijos. Esta teoría se viene abajo porque ya no hablamos sólo de dos personas, sino de uno niños, en primerísimo lugar.
Cuando una pareja con hijos se separa es muy frecuente olvidarse de los sentimientos de los niños y centrarse sólamente en los propios: que si tú te quedas con la casa, que si ahora yo tengo que pagar un piso, que si la manutención, que si tú ya estás con otra persona… Durante unos meses -que pueden ser años- la pareja fluctúa entre el reproche y la negociación económica, sin contar que una de las partes puede tener esperanzas de volver juntos algún día, lo que nos pone en una situación aún más lamentable.
Mientras tanto, los hijos pasan los fines de semana haciendo las maletas, esperando que alguien venga a recogerlos, soportando muchas veces los reproches que sus padres se hacen entre sí en plan: “tu madre es gilipollas” o “tu padre es un imbécil”. Los padres intentan comprar el cariño de sus hijos abrumándolos con regalos o haciendo concesiones bajo la excusa de que “para un rato que está conmigo…” o “no voy a ser yo siempre quien le tenga que reñir”. El resultado es un niño descolocado, fuera de onda, sometido a una tensión que no ha buscado ni sabe por dónde le ha venido, y que muchas veces tiene que modificar su vida, sus planes con sus amigos o sus rutinas diarias para cumplir el régimen de visitas que un juez ha establecido.
Diálogo, comprensión, mucha paciencia y, sobre todo, mucho amor, hacia los más pequeños. Va a costar mucho, desde luego, pero al menos hay que intentarlo.










